El aire estaba pesado. Las gotas de sudor frio me corrían por la espalda desde la nuca. Mi rostro estaba más pálido que de costumbre. Sentí la mirada de todos los presentes que bajaban los ojos para evitar un contacto visual.Qué estarian pensando de mí? Que pensarían de un joven de 18 años con ojos claros y desorbitados?
En frente mío tenia a dos sujetos con los que compartía la mesa. Unas horas antes habíamos estado tocando juntos música en una sala de barrio. Habíamos bebido y grabado la sesión para luego escucharla fumándonos unos porros en la terraza.
No recuerdo si era diciembre, agosto, marzo...si era invierno o verano. Solo recuerdo que era de noche y que estaba de la cabeza.
Por el bajo que sentimos fuimos a buscar refugio en una conocida pizzeria del barrio de Belgrano. Nos sentamos en una mesa cerca del mostrador, pedimos dos grandes de muzarella y dos cervezas grandes.
Yo no podía hablar. Solo pensar y comunicarme telepáticamente. Guido no paraba de hablar. Seguramente estaba más acostumbrado que nosotros a fumar grandes cantidades. Martín trataba de controlar mejor la situacion y chequeaba si habían minas en el recinto. Y me aseguraba "Diego, tenes a todas las minas con vos. No dejan de mirarte!"
"Si, Martín. Me miran por la lamentable imagen que tengo" Pensé.
LLegó la pizza. El mozo la apoyó sobre la mesa con una elegancia como si se tratase de un banquete. Y como si lo hubiesemos ensayado estiramos las manos hacia la pizza al mismo momento. El queso fundido demostró una gran elasticidad, cosa que nos despertó aún más el apetito.
No sé si exagero, pero creo que yo me devoraba las porciones brutalmente, como un dragón comiendose a sus víctimas. Una por una me las metía en la boca y apenas masticaba las porciones.
Mi temperatura corporal subió bastante y empecé a transpirar mas fuerte. Sudaba. Mi cabeza se tambaleaba de un lado hacia otro como dando campanadas. Las miradas martillaban mi cabeza, ya no podía mantenerme sentado.
Al terminar de comer nos trajo la cuenta el mozo, y al notar que estaba poco lúcido para calcular mi parte le pedi a los chicos que paguen por mi...yo tenía un billete de 100 pesos. Al traer el vuelto los tres nos levantamos al mismo tiempo y disparamos hacia la puerta a paso de tortuga.
Ahora los ojos de los curiosos bajaban al suelo y sus bocas murmuraban en voz baja. Con mis sentidos a full sentía todos sus pensamientos...
"mirá como esta este pibe...pobre"
"debe estar puesto con algo"
Caminé hacia la puerta y la tensión subía mas. Podía escuchar la música que habiamos tocado toda la tarde con mis amigos y logré entendes ciertos ritmos y armonías. Todo lo que habíamos hecho no era tan claro, algo opacaba la música, la ahogaba. Faltaba visibilidad, una nube gris me cegó la vista. Me desplomé. Caí al piso como una manzana cae al suelo por la ley de la gravedad.
No sé si caí de frente, o en mis piernas, solo sé que me derrumbé. Al despertar las miradas seguían allí. Esta vez con una razon. Guido me cacheteaba y me hablaba..."Diego, Diego,,,Arriba, chabón"
La nube se iba, el calor también. Unas chicas me pasaron una botella de 7up. Me la tomé de fondo blanco. Sonreí a causa de la vergüenza que sentí por tomarme todo el contenido. Me puse en pie. El mozo me pregutno que me pasaba, que tenía...Debe haber sido el calor del horno, concluimos los dos. Salí de la pizzería y las miradas se apagaron. Regresé a casa recordando que Martín me aseguró que al estar en el piso, ante un silencio general, yo dejé salir un pedo. Nunca supe si esto fue cierto...y tal vez nunca lo sabré, ya que por esas cosas de la vida, Martín ya no es mi amigo.
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2 comentarios:
Jajajaja, Chabon tenes que escribir un libro vos...
tenes buena pasta
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